Redes familiares y movilidad social en el negocio de la renta: el tándem Fernando de Córdoba- Rodrigo Álvarez de Madrid y los judeoconversos de Málaga

 

 

María Teresa López Beltrán

Universidad de Málaga

 

 

Congreso Fiscalidad y sociedad en el Mediterráneo bajomedieval

(Málaga, 17-20 de mayo de 2006)

 

 

RESUMEN

 

 

            En un estudio sobre los arrendadores de la Hacienda de Castilla, el autor dedica un espacio a la geografía de los centros del negocio de arrendamiento en los inicios del reinado de Carlos I, señalando que el núcleo del arrendamiento castellano se localizaba en Andalucía,  destacando por su volumen Sevilla por la importancia de Pedro del Alcázar como repartidor principal. También señala  el autor que en Jaén y en el Reino de Granada existía un negocio de arrendamiento enormemente intrincado por fuertes pactos de negocio a partir de redes familiares y clientelares, que se articulaba en torno a dos núcleos: uno de ellos, el que controlaba el arrendador y repartidor principal Rodrigo Álvarez de Madrid, con compañía en Málaga; el otro núcleo, fruto de los acuerdos entre Fernando de Córdoba, vecino de Arjona, y Luis Nuñez de Andújar, vecino de Baeza, ubicado en Jaén[1].

 

No es gratuito que haya iniciado mi introducción con esta valiosa y clarificadora conclusión para el tema que aquí voy a tratar porque, ante todo, se sitúa a Rodrigo Álvarez de Madrid y a Fernando de Córdoba, nuestros dos grandes protagonistas, formando parte de la élite del tejido social de los arrendamientos castellanos. Pero también porque, si  se añaden  algunas precisiones, quedan ampliamente justificados los objetivos que me he propuesto en este trabajo, la  primera de ellas, referida a la vecindad de Fernando de Córdoba.

 

Si sobre la vecindad de Luis Núñez de Andújar nada hay que objetar, puesto  que era vecino de Baeza, aunque acabaría avecindándose en la ciudad de Granada, donde accedería a una juradería, no ocurre lo mismo en el caso de Fernando de Córdoba. Por motivos que ignoramos, nuestro mercader figura como vecino de la villa de Arjona, aunque lo cierto es que lo era de Málaga, ciudad desde la que dirigía un vasto y diverso negocio mercantil, en el que también se contemplaba su temprana participación en el negocio del arrendamiento.[2]Por consiguiente, si se tiene en cuenta que la geografía de los núcleos financieros del arrendamiento castellano se establece a partir de la procedencia o vecindad de los repartidores, esta precisión en modo alguno es baladí, ya que otorga al Reino de Granada mayor protagonismo y relevancia en el negocio de la renta, y en particular a la ciudad de Málaga, que contaba entre sus vecinos con dos de los importantes repartidores y arrendadores de la hacienda real: Fernando de Córdoba y Rodrigo Álvarez de Madrid.

 

Señalada la importancia de Málaga en la geografía del arrendamiento castellano, la segunda cuestión que quiero destacar, y que introduce matices significativos en la valoración de los grupos financieros ubicados en Andalucía, es que los repartidores y arrendadores que detentaban aquellos espacios económicos compartían la común pertenencia al linaje judío. Todos ellos eran judeoconversos y, además, a las relaciones profesionales que entre ellos mantenían se añadían las familiares: Pedro del Alcázar era consuegro de Fernando de Córdoba,[3] y Rodrigo Álvarez de Madrid era primo de Luis Núñez de Andújar.[4]

 

 Finalmente, no quiero concluir esta introducción sin hacer alguna referencia a los intereses económicos que compartían Fernando de Córdoba y Rodrigo Álvarez de Madrid. Aparentemente al menos, la documentación consultada[5] apenas deja entrever que la existencia de uno y otro en la ciudad de Málaga fuese a confluir hasta que en 1511 constituyeron un tándem que posibilitó que cayese en ellos el arrendamiento y la recaudación de las rentas de las alcabalas de Málaga y su obispado por espacio de seis años y por un valor de 5.060.000 maravedís cada  año. [6] En efecto, aparentemente al menos, uno y otro seguían derroteros distintos:  Rodrigo Álvarez de Madrid, que había tomado la decisión de fijar su residencia en Málaga mucho antes de que concluyese la guerra de Granada, se presentaba en la ciudad con la credencial de criado de los Reyes Católicos,  mientras que Fernando de Córdoba llegaba a Málaga casi dos años después de finalizada la contienda para hacerse cargo de la renta de las carnicerías y garantizar el abastecimiento de carne a la ciudad.[7]

 

La realidad era, sin embargo, que Fernando de Córdoba y Rodrigo Álvarez de Madrid compartían intereses muy fuertes en el negocio del arrendamiento, sobre todo si se trataba de las rentas del Reino de Granada. Efectivamente, ya fuese formando parte del núcleo de los arrendadores mayores, ya mediante la red clientelar de arrendadores menores que en torno al negocio se conformaba, los intereses de uno y otro se complementaban: las actividades desarrolladas por Rodrigo Álvarez de Madrid permiten definirlo como un gestor de la renta que acabó convirtiéndose en un profesional del arrendamiento, cuyos intereses que se expandían por un amplio espacio geográfico; Fernando de Córdoba, por su parte, trabajó intensamente en la reactivación de la economía y en el desarrollo mercantil, convirtiéndose en uno de los mercaderes más poderosos del Reino de Granada, con toda probabilidad porque su temprana participación en el negocio de la renta no sólo podía reportarle unos beneficios inmediatos, sino también ventajas en los circuitos comerciales, ya que desde la privilegiada posición de arrendador no era difícil controlar la producción y la comercialización de los productos más especulativos.

 

Pero la destacada posición de nuestros dos grandes protagonistas en el negocio de la renta no puede comprenderse sin la participación de aquellos otros vecinos, muchos de ellos judeoconversos, que de una u otra manera posibilitaron  que en los inicios del reinado de Carlos I tanto Rodrigo Álvarez de Madrid como Fernando de Córdoba figurasen entre los principales repartidores y arrendadores de la hacienda castellana en el Reino de Granada.

 

Por consiguiente, más que en la casuística del sistema fiscal y en las complejidades de la gestión de las rentas, problemática bastante alejada de mis temas de investigación, me interesa sobre todo analizar el comportamiento que mostraron Rodrigo Álvarez de Madrid y Fernando de Córdoba desde el momento en que se establecieron en Málaga, valorando su entorno familiar más próximo, las relaciones familiares y profesionales que fueron entretejiendo desde la ciudad, sus vínculos directos e indirectos con  la oligarquía concejil, el patrimonio que iban acumulando y las estrategias  familiares que utilizaban desde su posición económica para disfrutar de un mayor reconocimiento social y político, tanto para ellos como para su descendencia. Partiendo de estos presupuestos, el trabajo se ha dividido en cinco apartados:

 

Un primer apartado, denominado La etapa inicial de los judeoconversos de Málaga en el negocio de la renta (1487-1496), que abarca desde la incorporación de Málaga a Castilla hasta la quiebra de Fernando de Sosa,  arrendador mayor de las rentas mudéjares del obispado de Málaga.  Durante estos nueve años, la documentación consultada apenas da  información sobre las ocupaciones de Rodrigo Álvarez de Madrid. Por el contrario, Fernando de Córdoba participa activamente en la reactivación de la economía y en la gestión de la renta,  ya asumiendo el abastecimiento de carne a la ciudad, ya detentando el cargo de mayordomo del cabildo catedralicio, pero invirtiendo a la vez en el negocio de la renta: fue uno de los fiadores de Fernando de Sosa  en  el arrendamiento de las rentas reales del obispado de Málaga del año1496, y tras la quiebra de este arrendador mayor, Fernando de Córdoba fue nombrado por el concejo de la ciudad fiel cogedor de las susodichas rentas.

 

Un segundo apartado, denominado  Los años de apogeo de los arrendadores judeoconversos (1497-1505), se inicia a partir del control absoluto de la hacienda  castellana sobre “el duro fisco de los emires” y con la salida a escena de Rodrigo Álvarez de Madrid como arrendador mayor de las rentas reales del obispado de Málaga en 1497, sin incluir el partido de Ronda, Loja y Alhama, figurando también como fiador de su primo Fernando de Palma en  el arrendamiento de las rentas no encabezadas tanto para el año 1499 como 1500; poco después de la conversión general mudéjar, en 1502 y 1503, ambos primos fueron receptores de todas las rentas encabezadas del obispado de Málaga. Durante estos años, además, entra en escena el sevillano Pedro del Alcázar, que quedó de arrendador mayor de las alcabalas de Málaga desde 1501 hasta 1503, sin olvidar que también había quedado como arrendador mayor del almojarifazgo de los puertos costeros del Reino de Granada. Sin embargo, el apogeo de los judeoconversos en el negocio de la renta experimenta desde mayo de 1505 una quiebra generalizada en el Reino de Granada, marcada por el fallecimiento de la reina Isabel y por las actuaciones desaforadas del inquisidor Diego Luzero.

 

Un tercer apartado, denominado Una etapa incierta (1505-1510), caracterizada por  la incertidumbre de los judeoconversos huidos o presos por la  Inquisición, que no empieza a remontarse sino a partir de agosto de 1508, una vez concluida la Congregación General encargada por Cisneros de revisar el procedimiento seguido en el distrito inquisitorial de Córdoba por Diego Luzero, siendo inquisidor general Diego de

Deza. Fue una etapa,  además, en la que se asiste en Málaga a la patrimonialización de los oficios a partir de 1508, en la que mucho tuvo que ver las inversiones de los judeoconversos en la compra de regidurías y juraderías a perpetuidad.

 

Un cuarto apartado, denominado De la crisis generalizada a la recuperación  de los judeoconversos (1511-1518), que se inicia con la constitución de un tándem entre Rodrigo Álvarez de Madrid y Fernando de Córdoba para hacerse con el arrendamiento  de las alcabalas de Málaga y su obispado durante seis años. En esta etapa, además, las dotes de gestor de Rodrigo Álvarez de Madrid fueron determinantes para todos los judeoconversos del Reino de Granada, ya que fue él el encargado de negociar ante la reina Juana y el rey Fernando la composición  con la que debían contribuir  todos los conversos que deseasen la habilitación.

 

Finalmente,  y como conclusión al trabajo, dedicaremos un apartado al entorno familiar más próximo de nuestros dos grandes protagonistas, destacando sobre todo su proyección social y la de su descendencia.

 

 

 

 

 

 



[1] Cf. CARRETERO ZAMORA, J.M., “Los arrendadores de la Hacienda de Castilla en el siglo XVI (1517-1525), Studia Historica. Historia Moderna, 21, 1999, 153-190, en concreto 165.

[2] Cf. LÓPEZ BELTRÁN, Mª T., “La oligarquía mercantil judeoconversa del Reino de Granada en época de los Reyes Católicos: la proyección internacional de los Córdoba-Torres”,Familles, Pouvoirs, Solidarités. Domaine méditerranéen et hispano-américain (XVe-XXe siècle), Montpellier, 2002, 397-419.

[3] Efectivamente, su hijo Diego de Torres contrajo matrimonio con  Elvira Suárez, hija de Pedro del Alcázar y  de Beatriz Suárez, la cual  aportó una dote de 200.000 maravedís y recibió  en arras 100.000 maravedís, según consta en la carta dotal que se suscribió en Sevilla el 22 de febrero de 1503. Tomo el dato del sólido y  exhaustivo estudio prosopográfico  que  sobre el veinticuatro Pedro del  Alcázar ofrece Juan Gil en su obra Los conversos y la Inquisición sevillana, Sevilla, 2000, tomo III, 195-204, en concreto 204. Sobre el linaje De Alcázar, cf.  también SÁNCHEZ SAUS, R., Caballería y linaje en la Sevilla medieval, Cádiz, 1989, 121-130.

[4][4] Cf. LÓPEZ BELTRÁN, Mª T., “El poder económico en Málaga: la familia Córdoba-Torres (1493-1538)”, Las ciudades andaluzas (siglos XIII-XVI). Actas del VI Coloquio Internacional de Historia Medieval  de Andalucía, Málaga, 1991, 463-482, en concreto 472-473.

[5] El grueso de la documentación utilizada procede de los archivos locales: Archivo Histórico Provincial de Málaga; Archivo Municipal de Málaga; y Archivo de la Catedral de Málaga.

[6] Cf. SUBERBIOLA MARTÍNEZ, J., “Alcabalas de Málaga. Del arrendamiento al encabezamiento (1501-1518)”, Baetica, 27, 2005, 363-387, en concreto 381.

[7] Cf. LÓPEZ BELTRÁN, Mª  T., “El abastecimiento de carne en Málaga en época de los Reyes Católicos (1487-1516)”, en J.E. López de Coca Castañer (ed.),  Estudios sobre Málaga y el Reino de Granada en el V Centenario de la Conquista, Málaga, 1987, 313-328.